40º ANIVERSARIO LUCTUOSO DE DAVID ALFARO SIQUEIROS

40º ANIVERSARIO LUCTUOSO DE DAVID ALFARO SIQUEIROS

Por: Anaraceli Alvarado

 

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           “La llamarada de su arte sigue encendida”

 

El 6 de enero se cumplirán 40 años, de que José David Alfaro Siqueiros falleció en su casa ubicada en Venus 7, colonia Jardines de Cuernavaca Morelos, a los 77 años de  edad. “La muerte de David Alfaro Siqueiros marcaba el fin de una etapa del muralismo mexicano”.

 

 

Se afirmaba que El Coronelazo, sobrenombre que Siqueiros recibió por su participación en la Guerra Civil Española –donde fue teniente coronel de la 46ª y la 82ª brigadas del 8º Ejército Republicano–, nació en Ciudad Camargo, Chihuahua. Sin embargo, su acta de nacimiento señala que fue en el Distrito Federal, el 29 de diciembre de 1896.

 

 

Se unió al Ejército Constitucionalista de Venustiano Carranza, a los 18 años de edad para luchar en contra de Victoriano Huerta. Cuando el dictador cayó, continuó al lado de Carranza para combatir a Pancho Villa y Emiliano Zapata. Fue en sus viajes militares por el territorio nacional, cuando conoció de cerca las condiciones de vida de trabajadores y campesinos.

 

 

Se integró al movimiento Vasconcelista de educación de las masas a través del arte público, años después, en 1922, por lo que realizó murales en destacados edificios de la Ciudad de México. Siqueiros siempre estuvo involucrado en causas sociales, desde que acudía a estudiar a la Academia de San Carlos siendo un jovencito de 15 años, se vio envuelto en la huelga de la escuela que exigía la destitución del director, movimiento que derivó en la formación de la Escuela al Aire Libre de Santa Anita.

 

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En 1923 ayudó a fundar el Sindicato de Pintores, Escultores y Grabadores Mexicanos Revolucionarios. Ese mismo año salió a la luz el periódico “El Machete”, dirigido a los proletarios del mundo, en el que Siqueiros ayudó a redactar un manifiesto que exponía la necesidad de un arte colectivo que sirviera como propaganda ideológica para educar a las masas y derrotar a la burguesía.

 

 

A partir de entonces no cesó de participar en diferentes causas que incluso lo llevaron a prisión en diversas ocasiones –por lo menos seis–, y al destierro. Una de sus acciones más notorias fue el intento de asesinato a León Trotski. Sin embargo, su actuación política no impidió que destacara en el arte y estuviera permanentemente en la búsqueda de nuevas técnicas. Su obra posee un sello que la distingue de otros autores.

 

 

Siqueiros fue un constante investigador y experimentador de diversas técnicas y materiales. Desde muy temprana época hizo uso de la fotografía. En los años treinta utilizaba tanto  el yute como lienzos, tela de vidrio, la piroxilina (pintura para autos), el accidente controlado y la pistola de aire. Continuamente innovó e integró nuevos elementos a su quehacer artístico. Toda su vida artística estuvo presidida por la voluntad de crear una pintura mural experimental e innovadora. Siqueiros adaptaba sus composiciones a lo que él llamó la “arquitectura dinámica”, basada en la construcción de composiciones en perspectiva poliangular.

 

 

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Para ello estudiaba cuidadosamente los posibles recorridos de los futuros espectadores en los lugares que albergarían sus murales y definía así los puntos focales de la composición. Siqueiros llegó a utilizar una cámara de cine para reproducir la visión de un espectador en movimiento y ajustar más eficazmente la composición a esa mirada dinámica.

 

 

Ciudad Universitaria, el Museo Nacional de Historia, el Polyforum Cultural, el Centro Médico Nacional y, desde luego, sus casas, ahora convertidas en la Sala de Arte Público Siqueiros, en la Ciudad de México, y La Tallera, en Cuernavaca, son algunos de los espacios que resguardan el legado, que este artista dejó a la humanidad, además de diversos murales en diferentes ciudades del mundo.

 

 

La marcha de la humanidad, El llamado a la libertad, Entierro del obrero sacrificado y Muerte al invasor son algunos de los títulos que David Alfaro Siqueiros otorgó a sus murales y en los que dejó plasmada su ideología política, a la cual se mantuvo fiel hasta sus últimos días de vida.

 

 

Hace 40 años el mundo cultural se estremeció con el fallecimiento del último de los tres grandes pintores y muralistas que han dado prestigio a México a nivel internacional. El señor David Jiménez González, oficial del Registro Civil, otorgó la boleta para su traslado e inhumación en el Panteón Civil de Dolores, conocido como la Rotonda de las Personas Ilustres.

 

 

Un grupo de funcionarios encabezado por el director general del Instituto Nacional de Bellas Artes, Luis Ortiz Macedo, acudió a su residencia para manifestar sus condolencias a los amigos y familiares del muralista.

 

Así, el lunes 7 de enero de 1974 se realizó un homenaje nacional al artista en el Palacio de Bellas Artes, donde se cubrió su ataúd con la bandera nacional y una corona de laurel que colocó el presidente de la República, quien realizó la primera guardia, en compañía de Rufino Tamayo y Carlos Chávez. Durante el homenaje, acompañaron al combatiente muralista no solo funcionarios e intelectuales, también acudieron a despedirlo decenas de estudiantes e integrantes de diversos sindicatos.

 

 

“David Alfaro Siqueiros pasó casi del sueño a la muerte”, tituló uno de los diarios de circulación nacional la noticia que daba a conocer el deceso del pintor, y donde se mencionaba que después de un mes de permanecer en cama víctima del cáncer, sedado para atenuar el dolor, había pasado del sueño a la muerte sin musitar una sola palabra.

 

 

La ceremonia luctuosa culminó el martes 8 de enero en la Rotonda de los Hombres Ilustres, donde fue sepultado quien fuera una de los máximos representantes de la plástica en México, un hombre que ingresó a las páginas de la historia que le otorgan la inmortalidad.

 

 

Publicado el 6 de enero, 2014 | Por | Sin Comentarios | En la categoría Difusion Publicaciones Recientes Teatro | Con las siguientes etiquetas

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