EL PRODIGIOSO ANTON CHEJOV

EL PRODIGIOSO ANTON CHEJOV

Por: Perla Schwartz

 

 

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Antón Chejov (1860-1904) nació en Tanganrog Rusia en las costas del Mar Azov. Él fue hijo de un pequeño tendero. Realizó estudios de Medicina en Moscú. Costeó sus estudios a partir de breves viñetas cómicas que publicó con pseudónimo en un periódico. Al término de su carrera, la abandonó para dedicarse a la literatura, a los 30 años ya era reconocido su talento como cuentista de primer orden. Él murió joven, a los 44 años víctima de la tuberculosis, pero dejó una importante obra, tanto cuentística como teatral.

 

Sus cuentos se caracterizan por profundizar en los recovecos de la condición humana. En momentos, es pesimista y un tanto melancólico.

 

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Fue un gran observador como se muestra desde su primer conjunto de relatos agrupados en “Los cuentos de Melpómene” (1894), este libro se fundamentan en una alegría que busca generar la risa en su lector.

 

En 1886 publica “Cuentos de colores”, lo cómico se alterna con una visión trágica de la vida. Por ejemplo en “Las ostras”, un niño hambriento es cargado de ostras por un grupo de borrachos o en el cuento “Angustia”, un cochero quiere contarle a sus clientes como falleció su hijo en un hospital, estando él impotente por remediar dicha situación.

 

Los hechos cotidianos permean la cuentística del prodigioso Antón Chejov, gran conocedor de la condición humana.

 

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Gran observador de la sensibilidad que se muestra y aquella que se oculta. La sátira, es uno de los tonos que mejor maneja como sucede en la novela breve “Caza trágica”. El humor negro permea un texto que en el fondo es sumamente humanista.

 

Los tormentos del espíritu son esbozados en el libro “Una historia aburrida” en torno a un profesor quien se encuentra en plena crisis existencial. Chejov también fue autor de cuentos patológicos como “La sala seis”, cuyo escenario es un manicomio. Este texto es en el fondo una alegoría de Rusia como una cárcel y un hospital.

 

Él supo que la brevedad es la hermana del genio. Como dramaturgo destaca con cuatro obras: “La gaviota”, a partir de pausas psicológicas y dialógicas el construye un calidoscopio de estados ánimos. Trigorin anota lo que ve y vive a diario, sin embargo no alcanza a comprender en profundidad la vida humana.

 

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Chejov reflexiona con profundidad: “Los intelectuales no se esfuerzan por nada, no hacen nada, son inservibles para cualquier tipo de trabajo”. Chejov sueña en esta obra por un futuro mejor.

 

Por su parte, “El tío Vania”, es la esperanza por una sociedad mejor. El trabajo, el sacrificio, la vida sórdida son ejes temáticos de un drama posesor de gran poesía. En tanto, “Las tres hermanas”, nos muestra a tres mujeres apagadas a su pasado, la nostalgia permea el discurso dramático de una obra que resalta por su emotividad.

 

Subyace una fuerte crítica a las costumbres militares, y a la indolencia social. Y finalmente el prodigioso Chejov en “El jardín de los cerezos” se ocupa de la miseria, el fracaso y la ruindad. Lo viejo ha de ser destruido para que surja lo nuevo.

 

Publicado el 20 de agosto, 2018 | Por | Sin Comentarios | En la categoría Difusion Publicaciones Recientes Teatro Teatro contemporáneo | Con las siguientes etiquetas Etiquetas:

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