HUGO HIRIART INGRESA A LA ACADEMIA DE LA LENGUA

HUGO HIRIART INGRESA A LA ACADEMIA DE LA LENGUA

Por: Anaraceli Alvarado

 

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En el Museo Nacional de Antropología, en el auditorio “Jaime Torres Bodet”, el literato, dramaturgo, ensayista y filósofo Hugo Hiriart, se incorporó como nuevo miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, con la silla número XVIII. Su candidatura fue propuesta por los escritores Mauricio Beuchot, Eduardo Lizalde y Vicente Leñero. En la mesa de honor estaban los escritores Vicente Quirarte, Felipe Garrido y el jurista Diego Valadés.

 

La silla asignada al maestro Hiriart, perteneció de 1902 a 1916, a Joaquín D. Casasús; de 1918 a 1950, a Enrique Martínez Sobral; de 1950 a 1955, a Alfonso Cravioto; de 1955 a 1965, a Manuel González Montesinos; de 1966 a 1974, a Efrén Núñez Mata; y, de 1976 a 2011, en que optó por su retiro, a Silvio Zavala.

 

Miembro del Sistema Nacional de Creadores del FONCA, “se debe a su desarrollado conocimiento lingüístico y a sus indudables méritos literarios”. Analizó el ritual funerario en “La lIíada”, “está hecha de detalles fascinantes, explorables, no hay en ella excipiente, relleno, toda ella es principio y fin, por eso es ¡una obra maestra!”  

 

“Un escritor, es un mundo enterrado en un hombre”

Arturo Ortega Blake

 

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“Homero es muy visual y sus cuadros son muy detallados. El arte del autor es de nítida transparencia y luminosidad, dignas de un verdadero pintor prerrafaelita, donde nada yace en la sombra, pues todo está bien dibujado” afirmó.

 

Abordó el tema del rito funerario en la epopeya griega, donde a través del poema épico hizo profundizar hasta los ritos funerarios, el alma y la sique. Mencionó que  “el difunto hace mutis del Gran Teatro del Mundo, sale de escena pero deja su cuerpo inanimado y con culto. ¿Qué hacer con él, toda vez que no hay muchas formas de deshacernos de un cadáver”.

 

El tema de esa obra no es la guerra de Troya dijo: sino la trayectoria moral del héroe. En la muerte, permanece el gravoso cuerpo, en esto hay unanimidad. Pero no hay siquiera mayoría de votos acerca de cierto elemento sutil, cierto soplo etéreo, cierto hálito delicado que no muere, tampoco nace y esta cosita ingrávida abandona el cuerpo.

 

Los griegos la llamaron sique, nosotros la llamamos alma. ¿Qué es eso que deja el cuerpo a la hora de nuestra muerte? ¿A dónde va la sique? ¿Cómo es la tierra de los muertos? La sique homérica no corresponde a nuestra idea de alma o espíritu, aclaró. La sique sobrevive a la muerte sólo en calidad de imagen, algo así como nuestro reflejo en el espejo.

 

“Un libro como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía”

José Vasconcelos

 

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El jurista Diego Valadés respondió el discurso de Hiriart. “Hoy nos llenamos de alegría, porque aceptó el llamado de la Academia Mexicana de la Lengua para ocupar la silla que dejó vacante, por retiro, don Silvio Zavala, historiador y jurista quien ha dado lustre a la cultura mexicana y, en particular, a esta corporación”.

 

 “El nuevo miembro llega precedido por la solidez de su cultura, lo que le ha valido múltiples y merecidos reconocimientos, como los premios Villaurrutia, el de la Asociación Nacional de Críticos, el Nacional de Literatura Juan Ruiz de Alarcón, el Nacional de Ciencias y Artes y el Mazatlán”.

 

Dijo también que Hiriart ha ganado dos Premios Ariel, por un documental y un largometraje, y que el nuevo académico, tras realizar estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de pintura en La Esmeralda, a los 30 años publicó su primera novela Galaor.

 

“Hugo Hiriart tiene un estilo personal para asociar imágenes e ideas a través de una prosa luminosa, su éxito se extiende al teatro, que cultiva como dramaturgo y como dramaturgista; sabe ensamblar erudición, análisis, amenidad y buenas letras. Como toda alta literatura, la suya es para ser leída y releída”.

 

“La literatura está llena de aromas”

Walt Witman

 

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“Hugo Hiriart tiene un estilo personal para asociar imágenes e ideas a través de una prosa luminosa, su éxito se extiende al teatro, que cultiva como dramaturgo y como dramaturgista; sabe ensamblar erudición, análisis, amenidad y buenas letras. Como toda alta literatura, la suya es para ser leída y releída”. En el discurso, Valadés le agradeció, “el autor nos regala una reflexión homérica, porque la presencia de Homero es una constante en la obra de Hugo Hiriart, sobre todo en Galaor, obra maestra de admirable expresión artística por su originalidad y la excelencia de su elaboración”. Afirmó que “Hugo Hiriart no hace literatura, es literatura”, y agregó que la AML está orgullosa de recibirlo.

 

“Su labor individual enriquecerá el trabajo colectivo, en especial el de la regulación de la lengua, con sus ingeniosos conceptos, como el del tiempo que consiste en una sucesión de presentes, de ahoras, y aún, de ahoritas y hasta de ahorititas”

 

Hugo Hiriart nació en la Ciudad de México en 1942. Estudió filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM,  donde recibió las enseñanzas de personalidades como José Gaos, Luis Villoro, José M. Gallegos Rocafull, Fernando Salmerón, Ramón Xirau y Alejandro Rossi, y además estudió Pintura en la Escuela de Artes Plásticas “La Esmeralda”. Su novela Galaor (1972) le valió el Premio Villaurrutia en ese año; es autor de más de veinte obras: Disertación sobre las telarañas (1980), Cuadernos de Gofa (1981), La destrucción de todas las cosas (1992), Ámbar, novela cinematográfica (1990), El último Dodo (1983), El vuelo de Apodoloro (1984), La repugnante historia de Clotario Demoniax (2005), La torre del caimán y Rosete se pronuncia (2008).

 

Su notable labor en el campo del ensayo ha producido: Estética de la obsolescencia, El universo de Posada (1982), Vivir y beber (1987), Acerca de la naturaleza de los sueños (1995), Los dientes eran el piano (Estudio sobre Arte e Imaginación 1999), Como leer y escribir poesía (2003), El arte de perdurar (2010).

 

Hugo Hiriart ha sido profesor de literatura y de teatro en la UNAM, en  la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y la Universidad de Harvard; ha dirigido más de una decena de obras en más de veinte teatros de México y el mundo, además montado varias muestras con su producción estética.

 

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Su ingenio fabulador y su inventiva lo han llevado a enriquecer los géneros que practica, combinarlos, producir simulacros, juguetes teatrales, entremeses y obras de teatro como: La Ginecomaquia (1972), Intimidad (1984), Casandra (1978), Minotastas (1981), Hécuba la perra (1982), El tablero de las pasiones de juguete (1985), Pinocho y la luna (1984), Descripción de un animal dormido y El Rey Lear (2013) entre las más recordadas y conocidas.

Publicado el 13 de mayo, 2014 | Por | Sin Comentarios | En la categoría Difusion Entrevistas Publicaciones Recientes Teatro Teatro contemporáneo | Con las siguientes etiquetas

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