MURIÓ EL POETA COLOMBIANO ÁLVARO MUTIS

MURIÓ EL POETA COLOMBIANO ÁLVARO MUTIS A LOS 90 AÑOS                    

Por: Anaraceli Alvarado

 

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A los 90 años de edad, murió el escritor y poeta colombiano Álvaro Mutis, por un problema cardiorrespiratorio, que lo mantenía hospitalizado desde el domingo pasado en Cardiología de la ciudad de México Distrito Federal, según declaraciones de su esposa Carmen Miracle a los medios.

 

El deceso fue confirmado también por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México CONACULTA a través de su cuenta de Twitter: “Lamentamos el fallecimiento del escritor Álvaro Mutis. Enviamos nuestro pésame a familiares y amigos”.

 

El escritor fue ganador del premio Cervantes en 2001, además de numerosos premios como el Xavier Villaurrutia en 1988, el Príncipe de Asturias en 1997,  el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1997, el Premio Cervantes en2001 y el Premio Internacional Neustadt de Literatura en 2002.

 

En su obra literaria están los títulos Tríptico de mar y tierra, La nieve del almirante, La última escala del Tramp Steamer, Los emisario, entre serie de títulos más, su obra incluye poesía, narrativa y ensayo.

 

“Los grandes poetas hablan con precisión”

Carlos Pellicer

Álvaro Mutis tenía 18 años y un puesto como locutor de noticias en la Radiodifusora Nacional. Mientras esperaba que dieran las 11 de la noche para leer el último boletín, puso a sonar la Quinta Sinfonía de Sibelius y empezó a escribir como poseído en su máquina de escribir. Cuando se detuvo, hizo lo de siempre: arrancar el papel de la máquina, romperlo en pedazos y arrojarlo a la basura.

 

Al día siguiente, sin embargo, llegó a la oficina pensando que en esos versos había algo que valía la pena. Escarbó en la caneca, ahí estaban todavía los restos. Los releyó y encontró la frase que buscaba. Siete palabras que lo hicieron pensar que en adelante sería escritor.

 

Una frase. Decía: “Un dios olvidado mira crecer la hierba”.

 

“Un dios olvidado mira crecer la hierba.

El sentido de algunos recuerdos que me invaden

se me escapa dolorosamente:

Playas de tibia ceniza, vastos aeródromos a la madrugada,

despedidas interminables”.

 

Cuando Mutis completó este poema y lo tituló El miedo, sintió que había logrado algo que ya no era ni de Baudelaire ni de Rimbaud ni de Saint-John Perse ni de tantos otros poetas que había leído y eran sus maestros tutelares. Sintió su voz. Esquivó sus temores y se lanzó a publicar. Lo hizo por primera vez en el suplemento literario del periódico La Razón, que dirigía su amigo Alberto Zalamea.

 

Álvaro Mutis llegó a Bruselas con sus papás, cuando tenía dos años y a partir de ese momento Europa se volvió su territorio. Los barcos que atravesaban los puertos de Bélgica, la primavera con sus colores, el aire de Flandes, el mar; los idiomas que empezaba a aprender, los libros que leía. A los 9 años, sin embargo, ese mundo le fue arrebatado. La muerte de su papá, Santiago Mutis Dávila –que fue secretario privado de dos presidentes de la República y había llegado a Bruselas como diplomático– obligó a la familia a dejar Europa.

 

“Grande o pequeño, todo hombre es poeta si sabe ver el ideal más allá de sus actos”

Enrik Ibsen

 

Mutis, sin entender todavía por qué su papá se había ido con 33 años, culpándolo por haberse enfermado de algo que nunca se descubrió, de haberse muerto, en fin, debió dejar su colegio, estudiaba en el Saint Michel, de sacerdotes jesuitas.

 

Sus amigos, el puerto, el mar, todo eso lo tuvo que dejar, para vivir en el país donde había nacido pero al que, hasta ese momento, solo lo unían sus temporadas de vacaciones, cuando la familia tomaba un barco de Amberes a Buenaventura y, a caballo, seguía hacia la finca que quedaba a doce kilómetros de Ibagué y se llamaba Coello.

 

Pese a los kilómetros que lo distanciaban de Bélgica, ese lugar llegó a ser muy pronto su universo. De esa tierra caliente, de las mujeres que la habitan, de sus cafetales, las tormentas de sus noches y los muchos libros de grandes autores que alcanzó a leer tirado en la hamaca que tenía en la terraza de la finca, se ha alimentado y vivido su obra literaria. Esas lecturas, de los poetas surrealistas, de Dickens, de Conrad, de Balzac, era lo que le interesaba.

 

La mayoría de sus amigos están muertos. Y esa es una realidad que ha entristecido a Álvaro Mutis en los últimos años. “Empezó a estar cercado por la soledad”, dice su hijo Santiago. Otro dolor que lo marcó fue la muerte de su hija Francine, por un cáncer, cuando apenas rozaba los cuarenta años. Francine había crecido y vivido a su lado, en Ciudad de México, más cercana que sus otros tres hijos, que se quedaron en Colombia.

 

Dejaba que el destino llegara con todo y sus sorpresas. Por eso Mutis dice que Maqroll El Gaviero –su personaje literario, protagonista de sus novelas– es el hijo que más se parece a ella. Doña Carola se encargó de la administración de Coello hasta cuando la familia fue lanzada de ahí por la guerrilla. La última vez que Mutis visitó la región fue para cumplir un pacto que había hecho con su hermano Leopoldo: cuando murieran, ambos querían que sus cenizas cayeran en las aguas del río Coello. Él fue y lanzó al río las cenizas de su hermano, y ya le pidió a su hijo Santiago que, cuando muera, haga lo mismo con las suyas.

Descanse en Paz.

Publicado el 23 de septiembre, 2013 | Por | Sin Comentarios | En la categoría Difusion Publicaciones Recientes Teatro | Con las siguientes etiquetas

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