Nos dejó Sergio Pitol, “Un hombre que supo disfrutar de la vida”

Nos dejó Sergio Pitol, “Un hombre que supo disfrutar de la vida”

Por: Anaraceli Alvarado

 

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“La Sociedad General de Escritores de México” (SOGEM) se une a la pena del fallecimiento de Sergio Pitol.   

 

Sergio Pitol, “Fue un universitario distinguido”, dice la UNAM, figura central de nuestra literatura, hay que abrir sus libros señala el INBA, “Un autor audaz y polifacético, con gran interés por enriquecer la literatura mexicana” Geney Beltrán Félix,

 

IV.- “La palabra libro, está muy cercana a la palabra libre; sólo la letra final las distancia: la ‘o’ de libro y la ‘e’ de libre. No sé si ambos vocablos vienen del latín ‘liber’ (<libro>), pero lo cierto es que se complementan perfectamente; el libro es uno de los instrumentos creados por el hombre para hacernos libres”.

 

“Libres de la ignorancia y de la ignominia, libres también de los demonios, de los tiranos, de fiebres milenaristas, y turbios legionarios, del oprobio, de la trivialidad, de la pequeñez. El libro afirma la libertad, muestra opciones y caminos distintos, establece la individualidad y al mismo tiempo fortalece a la sociedad y exalta la imaginación”.

 

Fragmento: “IV La palabra libro”, discurso de Sergio Pitol, ‘Trozos del laberinto’, inauguración de: “Biblioteca Instituto Cervantes”.

 

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El mundo de las letras en español, recibió la infausta noticia del deceso de Sergio Pitol, a los 85 años; escritor de cuentos y novelas, nacido en Puebla en 1933, autor fundamental de las Letras Mexicanas del siglo XX, por lo que su muerte significa, ‘la pérdida de una de las figuras mayores en nuestras letras’, aseveró el ensayista traductor y crítico literario, Geney Beltrán Félix, titular de la Coordinación Nacional de Literatura (INBA), se dijo convencido de que el también diplomático, fue un autor audaz y polifacético, con gran interés por enriquecer la literatura mexicana, la cultura de la lengua española, a través de sus traducciones y ensayos.

 

Instituciones culturales funcionarios y personas lamentaron la muerte de Sergio Pitol, María Cristina Cepeda, Secretaria de Cultura Federal, anunció que convocará a un ‘Homenaje Nacional” para el escritor Sergio Pitol, “¡Hay que celebrar su vida y legado!”, declaró, quien obtuvo el “Premio Nacional de Ciencias y Artes”, el “Premio Cervantes”, máximo galardón para las letras hispanas, entre otros importantes reconocimientos.

 

“Su obra es una magnífica excentricidad dentro de nuestra literatura” Juan Villoro

 

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Emilio Pacheco   Sergio Pitol y Carlos Monsiváis 1950.

 

La directora general del INBA Lidia Camacho escribió: Narrador de estricta prosa, traductor impecable, ser humano generoso, el maestro Sergio Pitol, “¡Es una figura central de nuestra literatura!”. Descanse en paz, y abramos otra vez sus libros, que tanto nos descubrieron. En un comunicado la UNAM recordó, que el autor de “Domar a la divina garza”, fue un distinguido universitario egresado de la UNAM, profesor de literatura eslava, en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) y coordinador de Extensión Universitaria de la misma entidad.

 

La Universidad Autónoma Metropolitana, lamentó el fallecimiento de Pitol, quien recibió de esta institución el grado de “Doctor Honoris causa” en 1998. Por su parte el Instituto Veracruzano de Cultura, ofreció su pésame a los deudos del autor de: “El tañido de una flauta” y les deseó pronta resignación.

 

“Su obra es una magnífica excentricidad dentro de nuestra literatura” Juan Villoro

 

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Emilio Pacheco, Sergio Pitol y Carlos Monsiváis, 2005.

 

El Fondo de Cultura Económica en su comunicado, señaló que despide con dolor y enorme reconocimiento a Pitol, novelista sabio que innovó la literatura en español, introdujo y tradujo con maestría la obra de grandes escritores universales, ejerció un magisterio generoso sobre varias generaciones, de autores mexicanos e hispanoamericanos, autor fundamental.

 

En su obra abordó a autores igualmente importantísimos, y siempre destacó en su faceta como narrador, lo que aportó en el terreno del cuento y la novela, con títulos como: “El desfile del amor”, “Domar a la divina garza” y en ensayos tan lúcidos como: “El arte de la fuga”, entre otros que le granjearon innumerables premios de la literatura mexicana.

 

A los 16 se fue a estudiar a Ciudad de México y después de licenciarse comenzó a viajar. “Salvo Tiempo cercado, todos mis libros fueron escritos, durante veintiocho años en el extranjero”, escribió en Una autobiografía soterrada”. De todos los hombres que fue Sergio Pitol, el que explica a todos los demás es el viajero. El traductor de Joseph Conrad y Witold Gombrowicz, el diplomático en París, Varsovia o Praga y el maestro en tantas cátedras, no se pueden entender sin su nomadismo físico y, sobre todo, mental. Un escritor siempre es el resultado de la combinación de sus lecturas y las suyas fueron globales, omnívoras, realmente cosmopolitas. De ellas supo destilar una poética de la libertad que se expresó en una prosa personal y absolutamente contemporánea, transfronteriza. Un modelo para la generación posterior, la de Juan Villoro, uno de sus amigos y discípulos, defensor como él de los ornitorrincos de la literatura.

 

Cinco años más joven que Carlos Fuentes y tres años mayor que Mario Vargas Llosa, Sergio Pitol hubiera podido pertenecer perfectamente al boom latinoamericano. Incluso pasó tres años en Barcelona a finales de los años sesenta y principios de los setenta, trabajando para las editoriales que impulsaron el fenómeno literario: ‘Seix Barral’ y ‘Tusquets’.

 

Ha llegado a pensar en la muerte se le preguntó en diciembre de 2005, unos días después de que lo habían anunciado como ganador del Premio Cervantes. “Tengo 72 años, me quedan pocos para trabajar y también para vivir. Pese a ello no creo ser una persona que diga el destino del hombre es la muerte.

 

Lo que yo tengo como destino de la vida es, ¡vivirla desarrollarme y desarrollar algo con otras gentes!; sin embargo tampoco me siento satisfecho con lo logrado, cuando leo un libro o tengo que revisarlo, veo defectos, cada vez que releo algo, siempre pienso que está mal tal cosa, y la corrijo, comentó. El novelista Sergio Pitol afirmó: “Siempre he sido un escritor de los que llaman difíciles, jamás he estado interesado en escribir sobre lo que está de moda o resulta fácil para el lector”

 

El arte de la fuga y una exposición de fotografías y carteles. En 1958 conoció a Carlos Monsiváis y a José Emilio Pacheco, con quien sostuvo una gran amistad. En 2005 publicó “El mago de Vierta”, del cual dijo que contiene toda su inteligencia literaria.

 

Fue traductor de Joseph Conrad, Henry James, Witold Gombrowicz, y Jerzy Andrzejewski. Fue profesor en ‘Bristol’ y ‘Xalapa’. Sus libros destacados son: “Nocturno de Buaro”, “El tañido de una flauta” y la trilogía: “El desfile del amor”, Domara la divina garza” y “La vida conyugal”; viajero incansable, recibió el “Premio Juan Rulfo”, el “Premio Herralde” de novela, el “Premio Nacional de Ciencias y Artes” y el “Premio Internacional Alfonso Reyes”. Soy los libros que he leído he leído. Eligió el servicio exterior, porque fue la única carrera que le permitió ganarse la vida viajando. Por 25 años no supimos de él, sino a través de sus cartas.

 

Fueron en realidad 28 años de un periplo, a través de China, Bulgaria, Hungría, España, Francia, la Unión Soviética, y Checoslovaquia. En cada escala gestaba una inquietud, que cargaba como bagaje al siguiente destino. Su “Trilogía de la memoria” editada por Anagrama, y compuesta por “El arte de la fuga” 1996. “El viaje 2001” y “El mago de Vierta” 2005, combina sus memorias de viaje con ensayos y fragmentos de borrosas fronteras, entre realidad y ficción. “Cuadernos de hotel”, “La trilogía” se formó de apuntes garabateados en cuadernos, y diarios compilados, en decenas de hoteles. Pitol confesó lo extraño que era para él trabajar en casa. Escribir en el mismo espacio donde uno vive, equivalió durante casi toda la vida, a cometer un acto obsceno, en un lugar sagrado.

 

“Domar a la divina garza” 1989, la segunda obra de su “Tríptico del carnaval”. Su personaje principal Dante C. de la Estrella, un repugnante abogado lleno de lugares comunes, narra su encuentro con la traductora de Nikolái Gógol, el hecho más importante de su vida. El tríptico lo completan: “El desfile del amor” 1984, ganadora del “Premio Herralde” de novela, una especie de thriller compuesto por recortes de crónica criminal y “La vida conyugal” 1991, una parodia del matrimonio y la vida en pareja.             

                                                                                              

“Como crítico siempre tiene una mirada admirativa sobre los textos” Ricardo Piglia

Publicado el 14 de abril, 2018 | Por | Sin Comentarios | En la categoría Difusion Publicaciones Recientes Teatro Teatro contemporáneo | Con las siguientes etiquetas Etiquetas: ,

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