Nueva temporada 2017 de: “La causa de la causa” en CADAC.

Nueva temporada 2017 de: “La causa de la causa” en CADAC.

Por: Serner Mexica

 

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POLICÍA III.- ¿A usted, qué le preocupa?

 

ÉL.- Me preocupa mucho la sociedad.

 

POLICÍA III.- A mí también.

 

ÉL.- Para que vea.

 

POLICÍA III.- Déme su mano.

 

 

El Centro de Arte Dramático A.C., en Celebración de su 42 Aniversario, presenta La causa de la causa (que es causa de lo causado) de Héctor Azar, maestro fundador de dicho centro.

 

La obra se estrenó en 1980 y es la primera de la trilogía Diálogos de la clase médium.

 

La causa como origen, la causa como implicación y lo causado como dialéctica misma de la situación política; el reflejo de la gente del siglo XX. En palabras del maestro, “De la clase media que va por la vida entre banalidades y enajenaciones que lo conducen fatalmente a un estado de trance y de transa”.

 

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La causa de la causa trata la naturaleza del poder y su ejercicio jerárquico, el cinismo individual, la necesidad emocional del otro y la utopía de un movimiento político que parece invadirlo todo pero que nunca acaece. Todos están en la causa, pero ¿qué es la causa? Ni siquiera sus miembros lo saben del todo.

 

 

La primera causa es el contexto de la juventud de los setentas y su actividad política contra el autoritarismo, sistema que se constituye en una red de relaciones abstractas en una jerarquía de oscurantismo. ¿Quién controla el panóptico? ¿Quién es la verdadera autoridad? ¿Quién es el auténtico rebelde?

 

La segunda causa es el movimiento revolucionario como el ideal juvenil de la sociedad, liberalismo investido de marxismo en su versión más filosófica. La libertad social contra la represión, la libertad de expresión contra la censura y el sacrificio político (perder la vida por La causa) como la más profunda redención y sublime compromiso histórico.

 

Mientras tanto la autoridad continúa ejerciéndose, aplicándose y sofocándose a sí misma en el reflejo de sus víctimas; la autoridad insegura de su propia mente pero segura de su violencia institucionalizada.

 

“El arte teatral está arraigado en la trama palpitante de la experiencia colectiva”

Héctor Azar

 

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Tema presente en México a través de nuestros problemas de origen (e.g., la legitimidad de la autoridad) y su consecuente arraigo cultural de una infinita relatividad social. Todo es justificable, tanto de la autoridad como del ciudadano.

 

¿A quién le importa un policía? ¿A quién le importa un ciudadano común y corriente? ¿A quién le importa lo que diga o pueda decir un policía? ¿A qué autoridad le importan los derechos civiles? ¿A quién le importa la vida de un policía? ¿A quién le importa que ambos mueran?

 

La irónica relación autoridad-ciudadanía. El primero abusa del segundo apelando a la justicia a modo y, en dicho abuso, se erige poco a poco, pero como la piedra más dura de romper, la base o plataforma que permite lanzarle todos los insultos posibles.

 

Si al policía no se le respeta es porque éste ofrece todas las condiciones y motivos para ofenderlo. ¿Ello justifica cualquier acción de la ciudadanía en contra del policía? Es ironía; el ciudadano también erige las condiciones del contexto.

 

“En la magnitud cósmica, la vida de un ser humano es apenas un instante”

Héctor Azar

 

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Maestro Rabindranath Espinosa

 

La paradoja mexicana de exigir el cumplimiento de la ley sólo cuando conviene; cuando no conviene ni siquiera se le cita.

 

En este sentido, el policía está y no está, ello depende, claro está, de la conveniencia del momento.

 

“La causa de la causa” está dirigida por los maestros Rabindranath Espinosa y Marcela Bourges, en un segundo montaje con el Laboratorio de Actuación 2016. La historia transcurre en nuestro tiempo y, por consiguiente, se actualizan los hábitos de los ciudadanos, en este caso comunicativos; la enajenación de ambos con un dispositivo electrónico.

 

No hay coacción para su uso, en todo caso, persuasión de la sociedad de consumo. 1°, tener un dispositivo, tener-para-ser; segundo, comunicarse únicamente a través de éste, ser-para-tener (amigos); y, tercero, ser literalmente el dispositivo.  

 

Dos jóvenes pasean por el parque cuando son interrogados, arbitrariamente, por un policía, quien ve en ellos la mejor oportunidad para ejercer su autoridad pública intimidándolos y, quizá, llegar a la extorsión. Sin el uniforme no es nadie y lo sabe, pero más aún: el uniforme sin su arma (una guitarra eléctrica) no es nada. Sus golpes e intimidaciones son estridentes notas descompuestas por el distorsionador y los efectos al aflojar las cuerdas de manera repetida y ondulada.

 

“El teatro es una patria común de ver, entender y vivir con una fuerza que te atrapa con unas garras muy fuertes”

Manuel Calzada Pérez

 

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No obstante la violencia en expectativa, el paseo de los jóvenes por el parque no es real sino virtual; cada uno está enajenado con su propio dispositivo sin tocarse y sólo interactuando a través de las redes sociales. No hay consciencia real de la existencia del otro.

 

La arbitrariedad del policía tiene explicaciones sociales, económicas e incluso raciales; la categoría de ser policía en México no es honorable ni mucho menos respetada, ello sin importar la particularidad de cada oficial.

 

Lo sabemos y podemos comprenderlo, empero, los jóvenes, independientemente de su alienación cibernética, sólo están sentados en una banca, sin hacer nada más que molestar la vista del policía o mostrarle indirectamente de lo que aparentemente se está perdiendo.

 

“¡Ahora es cuando!” La consigna que puede terminar así: me desquito, me los chingo, me los jodo, etc. El simple hecho de sospechar de ellos lo faculta para interrogarlos y, en su caso, aprehenderlos. La situación se convierte en crisis y crisis significa decisión, inicia la acción dramática. En el escenario hay dos muertos y el asesino. Llega una policía al lugar de los hechos. El contacto, el conflicto, las explicaciones y razones de lo sucedido, termina fraternalmente unida con el homicida.

 

“El teatro es una patria común de ver, entender y vivir con una fuerza que te atrapa con unas garras muy fuertes”

Manuel Calzada Pérez

 

La coincidencia es auténtica, no obstante, dependiente. Ambos están solos y sólo acompañados, el uno con el otro, pueden dejar de sentirse tan miserables. Deciden seguir juntos hasta que entra el Comandante en persona, quien ya ha tenido oportunidad de conocer, interactuar y tocar al homicida.

 

También con él se sintió acompañado en su triste jefatorio. Les reclama por los muertos, los acusa de rapiña y, finalmente, luego de observarlos unidos, les pide que también lo puedan abrazar. Los tres se unen un momento y el mundo se transforma y se trascienden los dogmas, sin embargo, vuelven a separarlo. No obstante, ellos también están solos, la eterna soledad de ambos aunque estén acompañados.

 

La obra muestra también la eterna búsqueda del otro, quien supuestamente ocupará todos los vacíos, así como las consecuencias de aferrarse ciegamente y al extremo de la destrucción individual. También se reflexiona sobre la dependencia del otro, la soledad como existencia, el vacío emocional y el regreso a la enajenación. Todo esto presentado por un extraño narrador que controla, ilustra, redimensiona, describe, representa los símbolos e imágenes del lenguaje y juega excéntricamente con su público.

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La causa de la causa se presentará todos los sábados de marzo y el 1 de abril en el “Espacio C” del Centro de Arte Dramático A.C., Centenario 26, esq. Belisario Domínguez, Del Carmen (Centro de Coyoacán). Entrada Libre. Tel. 55549091

Publicado el 26 de febrero, 2017 | Por | Sin Comentarios | En la categoría Difusion Publicaciones Recientes Teatro Teatro contemporáneo | Con las siguientes etiquetas Etiquetas:

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