XXVIII ENCUENTRO NACIONAL DE LOS AMANTES DEL TEATRO 2016. Por Luis Alcocer Guerrero

XXVIII ENCUENTRO NACIONAL DE LOS AMANTES DEL TEATRO 2016.

Por Luis Alcocer Guerrero

 

Encuentro_1

Trainspotting La vida en el abismo 

A partir del texto de Irvine Welsh

Dir. Gabriel Retes

 

El XXVIII Encuentro Nacional de los Amantes del Teatro abrió sus actividades con Trainspotting, obra dirigida por Gabriel Retes a partir del texto de Irvine Welsh. La dirección escénica propone algunas imágenes muy fuertes y significativas, así como, al principio, una sencillez espacial muy inteligente. Pero esta espacialidad tan bien definida, desgraciadamente, en algunos momentos se pierde por la introducción de utilería mal manipulada o diseñada con un descuido que no ayuda a que las imágenes propuestas no terminen de concretarse. Es cierto, además, que la escenificación, ocasionalmente, se ve disminuida por soluciones efectistas.Es cierto que la estructura dramática no sea tan nítida como debiera. Es cierto que hay una digresión anecdótica al final de la primera parte de la obra que resulta muy larga y rompe la tensión que, con gran eficacia, se creó durante los primeros minutos.

Sin embargo, todos estos problemas son menores (y muy menores) frente al estupendo desempeño del elenco. Todos estos jóvenes intérpretes logran una conexión excepcional entre los sucesos que ocurren en el escenario y el público. Sin abandonar la precisión del movimiento escénico, se dejan tocar por la reacción del público. Sus acciones escénicas ocurren en un presente continuo. Mantienen el ritmo escénico vertiginoso que la obra exige. Gabriel Retes infundió a su equipo de intérpretes pasión y compromiso. El resultado es un juego escénico muy disfrutable: el placer de los actores se convierte en un placer para público.

Me atrevería a apostar que esta obra será una de las mejores de este encuentro.

 

Sin sombrero y con Guarlapas

Aut. y Dir. Medardo Treviño 

 

El texto de Medardo Treviño presenta una biografía imaginaria de un hombre del norte de México que entreteje la realidad más brutal con momentos entrañables. El resultado es un personaje complejo y con muchas facetas capaz de mantener vivo el interés del espectador (o del lector). No obstante, este personaje daría para mucho más. El texto nos coloca detrás del telón de un teatro en el que el personaje espera la tercera llamada para salir a escena. Este gesto metateatral hace de la obra un juego poético que tiene sus raíces en La vida es sueño. A pesar de estas virtudes, tengo que observar que, sin duda, el texto podría crecer aún más si se aplicara un mayor rigor en la construcción dramática.

 

Si el texto es ya atractivo, la actuación de Alejandro Lustrial lo convierte en una verdadera fiesta. Lustrial posee presencia escénica y desarrolla una relación constante con el espectador, tal vez un poco burda en ocasiones, pero sin duda, eficaz. La obra funciona con muy pocos elementos escenográficos y ganaría aún más con una mayor economía de recursos.

 

No tengo duda de que esta obra que viene de Cd. Victoria será una de las presentaciones más memorables del encuentro.

 

Luis Alcocer Guerrero.

Huehuetlatoa 

Dir. Manuel Maciel

 

Huehuetlatoa, obra que viene de Acapulco, Guerrero, presenta una leyenda prehispánica ecologizada y pacifista que se va narrando como parte de un ritual. El aspecto más interesante de esta obra radica en la relación entre el texto y la expresión corporal de Manuel Maciel.

 

Por desgracia, no existe una valoración de los elementos que emplea en la presentación. El director-actor mezcla indiscriminadamente elementos de un universo prehispánico mesoamericano con trova de aires setenteros, preocupaciones contemporáneas (el giro pacifista-ecológico), con danza y ritualidad. El problema no es esta hibridación sino la ingenuidad y superficialidad con que se realiza. El resultado es una postal turística pintoresca que sin duda podrá encontrar un público. 

 

Luis Alcocer Guerrero.

Riñón de cerdo para el desconsuelo 

De Alejandro Ricaño 

Dir. Raúl Santamaría

 

La compañía DesenCajaDos de Xalapa, Veracruz presentó Riñón de cerdo para el desconsuelo del exitoso Alejandro Ricaño. Se trata de un texto probado, muy divertido, que narra una fantasía sobre la creación de Esperando a Godot, desde una perspectiva a la vez humorística y melancólica. Sin embargo, la lectura supeficial que el director hizo del drama no logra aprovechar ninguna de las posibilidades que brinda la obra de Ricaño. La inclusión del clochard para hacer transiciones resulta caprichosa. Tanto al director como a los actores les haría falta saber que las palabras en escena son acción (cosa que nunca hay aquí) y que en el mundo hay pocas cosas que sean menos interesantes que un actor que recita palabras ajenas para ilustrar emociones (quién sabe cuáles y de quién sabe quién). Una verdadera lástima.  

 

Luis Alcocer Guerrero.

Ni Princesas Ni Esclavas

De Humberto Robles

Dir. Prof. José Claro Padilla Beltrán

 

Formación Actoral AL TROTE de la ciudad de Aguascalientes presentó esta exitosísima obra de Humberto Robles. El grupo maneja bastante bien el humor de la obra y la sencillez de la escenificación es una excelente decisión. Las actrices tienen buenas cualidades técnicas, pero la obra requiere un trabajo actoral cercano al del cabaret que no se termina de lograr. Esa relación especial con el público que no llega a realizarse permitiría justamente estirar la duración de la obra, como lo hicieron, con la inclusión constante de morcillas.

 

Luis Alcocer Guerrero.

 

Palitroches

Por Luis Alcocer Guerrero

Palitroches, de la compañía El Origen Teatro, dirigida por Laura Mirandé es un espectáculo muy sencillo pensado sobre todo para niños pequeños. Renuncia a contar una historia; a la manera del teatro posdramático, se aparta de la representación para centrarse en la presentación. Es valioso por su objetivo: redescubrir el placer del movimiento corporal en el contexto actual que privilegia la experiencia de lo virtual. Los actores tienen una excelente condición física y son muy carismáticos. La relación con sus espectadores más jóvenes está bien planteada: los niños que participan realmente se divierten. 

Se agradecería mucho, no obstante, que eliminaran la idea de “enseñar” algo. Cuando un actor desde la escena le dice al público que lo va a “educar” puede crear una resistencia importante. Sería mejor simplemente plantear la experiencia escénica como un espacio de juego, no de aprendizaje. También ayudaría mucho evitar los vicios más usuales del teatro para niños (dirigirse a los niños como si fuesen subnormales, por ejemplo.)  

Una experiencia disfrutable.

 

Hazú

Por Luis Alcocer Guerrero

Hazú, trabajo que trae el Taller Municipal de Teatro de Los Cabos (Baja California Sur) escrito y dirigido Francisco Barragán, peca de los peores vicios del teatro para niños: una anécdota que imagina un universo infantil carente de conflictos y pleno de sensiblería oligofrénica y actores que hablan con los niños como si

fueran tontos. El drama relata los esfuerzos de la muñeca Hazú y de sus amigos-juguetes por encontrar la sonrisa perdida de dicha muñeca.    

Hazú canta con sus amigos, pero la actriz que la interpreta está totalmente desafinada y siempre fuera de ritmo. El teatro para niños debería producir fascinación, asombro, diversión. Pero la falta de responsabilidad de los teatristas que piensan que en el teatro para niños se pueden hacer las cosas que no se saben hacer sólo provoca aburrimiento y tristeza. Al final, dejan la idea de que el teatro es, en efecto, una actividad tediosa y tonta.  

El músico que los acompaña, Saúl Laguna, es una presencia muy amena en su no-actuación. Es muy carismático, es un buen ejecutante de la guitarra y posee una voz agradable. Él podría jugar mucho más dentro de la obra y hacer de este trabajo algo más atractivo.

 

A. B.

Por Luis Alcocer Guerrero

La compañía Siete de Espadas de Xalapa jugó con el texto A. B. de Anthar Santos. Las propias actrices Cinthia Campomanes y Karla Merino López asumen también la dirección. El resultado es pobre. El texto, que da voz a las abstracciones A y B usadas tanto en las matemáticas como en los ejercicios más recurrentes en la formación para el teatro realista, aunque no tiene muchas posibilidades dramáticas sí puede ser muy divertido y detonar el juego escénico. 

Sin embargo, el juego de estas actrices es monótono, sin progresión. La acción está divorciada de la palabra y resulta totalmente gratuita. El juego de estos personajes que parecen sacados de la commedia dell’arte se agota muy pronto. Las voces chillonas de las actrices cansan al espectador muy rápido. A. B. es un trabajo que requiere aún de mucha exploración del material así como de conocer mejor las posibilidades que ofrece el arte escénico.

 

Tierra eres

Por Luis Alcocer Guerrero

Teatro Tlancualejo de Irapuato trajo Tierra eres, obra con dramaturgia de Ariadna Aragón dirigida por Francisco Escárcega. Se trata de un trabajo bienintencionado que sigue las rutas de los migrantes que atraviesan México para llegar a Estados Unidos. Indudablemente, hay una enorme necesidad de entender esta realidad. Las letras y la escena nos permiten entender este tema desde lo emocional y conectarnos con los migrantes a través de la empatía. 

La dramaturgia, desgraciadamente, trabaja en contra de las intenciones originales de esta obra. La problematización de este tema desde la perspectiva judeocristiana empobrece la visión. Al final, lo que queda es sólo un viacrucis escénico con tintes poéticos cruzado con información documental. Lo que se presenta es una lucha (desigual) entre el bien y el mal, sin matiz alguno ni conflicto real. En este texto reiterativo y sin progresión, los migrantes, montados en un tren, atraviesan todas las estaciones en busca de una virgen sin cabeza, arriesgando la vida entre traidores falsos profetas. Todo es sufrimiento narrado con truculencia. Los migrantes, lejos de humanizarse, se vuelven más abstractos.   

A las carencias que ya presenta el texto se añaden las carencias técnicas vocales y corporales del equipo actoral. La dirección añade la presencia constante

(y desconectada) de una mujer que, constantemente, pica zanahorias o rábanos en una esquina del escenario y se levanta periódicamente para informarnos (con mala dicción) de algunos datos relacionados con el tema de la obra. Hay momentos de algo que parece un drama coral (lo cual podría ser muy interesante). Hay también un esfuerzo por crear una atmósfera espacial que no logra sostenerse. El juego con la luz y el movimiento del andamio móvil para sugerir la presencia del tren podría ser muy eficaz, pero se vuelve reiterativo. 

Tierra eres explora un tema relevante al que le haría falta un mejor texto, una mayor investigación escénica y un mayor entrenamiento del elenco. 

 

Vampiros, mi musical

Por Luis Alcocer Guerrero

Toputshi Teatro presentó Vampiros, mi musical, obra escrita y dirigida por Noé Nolasco. Esta obra intenta desarrollar un juego de “teatro dentro del teatro” que naufraga muy pronto por falta de claridad en su estructura. No obstante, tiene algunas buenas ocurrencias y en términos generales puede resultar divertida. El aspecto más interesante, quizá, es su juego con la ingenuidad. De una forma inteligente aprovecha las carencias de su producción y la torpeza de algunos de sus intérpretes haciéndolas evidentes. 

El planteamiento es tan interesante que el texto merecería una reescritura que diera una mayor coherencia a la obra. Esta obra fallida retrabajada con mayor rigor podría llegar a ser una experiencia verdaderamente divertida. 

 

Nosotros somos Dios

Por Luis Alcocer Guerrero

Este drama escrito por Wilberto Cantón resulta complicado de poner en escena, principalmente, porque el tono del texto, al espectador de hoy, podría parecerle excesivamente sentimental e incluso absurdo. ¿Cómo recuperar para el teatro de hoy a un dramaturgo valioso en otra época? ¿Cómo percibir la importancia que tuvo (y tiene) el trabajo de este autor? 

De entrada, se siente muy necesaria la intervención de un dramaturgista que problematice el texto original, que lo destripe y nos permita observar no sólo lo que el texto es en sí, sino también al hombre que lo creó y a su contexto. Un escritor no vive en lo que dice literalmente, sino en los juegos con que pretende envolvernos. La mejor forma de serle fiel a un autor es deshacer sus trampas. Pero esto no sucede. El director Armando Hernán respeta el texto (demasiado) y lo que llega a nosotros es una obra distante, absurda, incomprensible. Hernán apuesta por la heroicidad de sus personajes, a los que dota de un tono ampuloso e impostado. Para remarcar esta cualidad, musicaliza los momentos climáticos. Parecería como si las situaciones que la obra plantea no le alcanzaran para emocionar al espectador. 

La escenografía parecería jugar con estilos ya en desuso, pero su factura es mala y los materiales, inapropiados. El mismo planteamiento espacial es erróneo. Desde el realismo imitativo que plantea, es difícil creer que estamos viendo la casa de la familia de un político importante de 1913. 

El elenco, en general, tiene un desempeño bastante bueno, aunque tal vez debieran abandonar esos horribles micrófonos. Son muy molestos a la vista. Y se provocan horribles accidentes sonoros.

Sería conveniente que el director, acompañado de un dramaturgista, se planteara “respetar” menos el texto para descubrir su verdadero valor. 

 

Esquirlas

Por Luis Alcocer Guerrero

Lo mejor de Esquirlas, obra producida en Ciudad Victoria, Tamaulipas, dirigida por Leticia López, es la actuación de Demetrio Dávila, intérprete que tiene presencia, voz y que sabe relacionarse con el público. Desafortunadamente, el texto, en su esfuerzo por tocar los aspectos más duros de nuestra realidad, se dispersa en una multitud de temas que nunca llegan a tocarse realmente y llega a ser reiterativo. La dirección es correcta, aunque podría cuidar más al actor (evitar que emplee siempre los mismos recursos para hacer contacto con el público) y podría beneficiarse de un dramaturgista que ajustara la estructura de la obra. 

 

Amnistía

Por Luis Alcocer Guerrero

Enlace Teatro de Ciudad Reynosa, Tamaulipas presentó Amnistía. Una obra que en realidad es una adaptación de un conocido texto de Jean Genet. El planteamiento espacial original crea una atmósfera muy especial; produce una relación íntima e intensa entre el espectador y la obra. Se hizo evidente que las actrices necesitan mucho más trabajo. En primer lugar, les hace falta (sobre todo a una de ellas) el desarrollo de sus capacidades vocales (dicción sobre todo) y la conciencia del comportamiento de la voz en un espacio escénico. No es lo mismo

hablar con la tía por teléfono que hacerlo para un público (así sea de diez personas).

El escenario se llena de imágenes de cierta belleza y acciones físicas gratuitas. No parece existir noción alguna de acción dramática. La acción de los cuerpos no crea ninguna clase de entramado y, por lo tanto, tampoco se crea ningún sentido de progresión. La relación con el texto, que sí tiene acción dramática genuina y progresión, podría haber apoyado a las intérpretes y en general al trabajo en su conjunto, pero la dirección de Luis Mario Flores consideró al texto como un artefacto prescindible.

Amnistía requiere una mayor exploración del material textual, así como la elaboración de una estructura espectacular sólida, aunque fuera mínima. 

 

Abuelita de Batman

Por Luis Alcocer Guerrero

Benjamín López dirigió la muy popular Abuelita de Batman de Alejandro Licona. La elección de este texto para su compañía es un gran acierto. La acción dramática en esta clase de obras es fácilmente identificable. Por lo tanto, el abordaje de obras como ésta resulta siempre un ejercicio que ayuda a entender lo que es la acción dramática. Abuelita de Batman, además, facilita el trabajo de actores principiantes o aficionados porque los pone frente a personajes tipo y situaciones sencillas y fácilmente identificables. 

El reto de esta clase de obras se encuentra en alcanzar en escena el tono de los textos, que exige en el intérprete una gran desinhibición. En este aspecto, el desempeño del elenco fue muy desigual y, si bien algunos actores y actrices hicieron un esfuerzo loable, en general resultaron poco atrevidos. La capacidad

técnica del elenco también fue muy desigual. Junto algunos actores que tenían buena dicción y un buen manejo del timing, otros se veían fuera de ritmo. 

Un buen reto para el director sería dejar de ilustrar la situación que se describe en el texto y crearla realmente en el escenario para el público, crear acción dramática. Lo divertido en el teatro está realmente en la acción, en los distintos momentos de esa acción, no en su ilustración ni en la simple exageración. 

 

Niñas de la Guerra 

Por Luis Alcocer Guerrero

La Compañía de Teatro Tomás Urtusástegui de Ciudad Reynosa se arriesgó con el texto Niñas de la guerra de Berta Hiriart. La elección del texto fue muy atinada: se trata de una obra con una estructura muy clara que muestra a un público infantil los problemas que enfrentan las personas que, como resultado de un conflicto bélico, deben refugiarse en un territorio ajeno. A pesar de que este tema pudiera ser identificado como un asunto más propio de adultos, la autora encuentra la manera de hacer todas estas situaciones muy accesibles a los niños. Por las características que acabo de mencionar, esta obra sólo puede llevarla a escena  alguien que aprecia la inteligencia de los niños y está dispuesta a trabajar por un teatro ajeno al repertorio fácil (por desgracia demasiado frecuente) de las imitaciones del cine de Walt Disney.

La directora Martha Valdivia tiene muy claro los retos que la obra de Hiriart plantea y los resuelve con una enorme eficacia. El manejo del espacio y la iluminación son impecables. El juego con el teatro de sombras es pertinente y se realiza con mucha limpieza. Las dos actrices, Margarita Reséndez Moreno y

Alejandra Vega, han desarrollado un nivel técnico excelente. Además, logran que los personajes que interpretan resulten, en efecto, muy conmovedores. 

Este montaje de Niñas de la guerra sobresale por su calidad. El mejor juez fue el público infantil, que se mantuvo atento durante toda la función. Esperemos que esta obra encuentre las oportunidades para ser vista por la mayor cantidad de público posible. En verdad lo merece. Y lo merecemos los espectadores de teatro. 

 

El reino de las galletas

Por Luis Alcocer Guerrero

Escena 11 Producciones presentó El reino de las galletas, obra escrita, dirigida y actuada por Álvaro Ros Tor. El tema del viejo programa televisivo Disneylandia colocado al inicio de la pieza puso en evidencia que sus creadores no se dirigen tanto a los niños de hoy como a los niños que ellos mismos fueron. ¿Qué niño de hoy ha visto ese programa? Y suponiendo que lo viera, ¿lo encontraría tan fabuloso como les pareció entonces a algunos antiguos niños que hoy rondan los cuarenta años? Más allá de este peculiar viaje al pasado, la elección musical hace evidente una pobreza imaginativa que no tiene otros referentes que los de la televisión abierta y los de la fiesta gay. Por desgracia, el desarrollo de este trabajo confirma esta primera impresión. 

La anécdota sigue en gran medida el esquema de las viejas películas de cuentos de hadas producidas por Disney: el Emperador que gobierna el reino de las galletas desea casar a sus dos hijos: la galleta Príncipe de Chocolate y la galleta Bombón. Con tal de encontrar a las esposas ideales para sus vástagos (sí, vástagos), el rey encarga a su sirviente, la galleta Arcoiris (un homosexual pintoresco, muy amanerado y de voz chillona) que organice un baile. Al palacio llegan varias galletas femeninas que pretenden a los príncipes, pero, ¡oh,

sorpresa!, la galleta Danesa, que por error no fue invitada, se aparece en el baile y, rencorosa, hace que los dos príncipes, por un hechizo, se enamoren de la galleta Bocado de Dama. Lo que sigue son enredos tediosos, mal construidos y peor planteados y transformaciones mágicas del carácter de los personajes

Por un momento creí que la obra debía llamarse El reino de los prejuicios. Así me lo sugirió su moraleja forzada e hipócrita: “aunque somos diferentes, todas somos galletas”. Me atrevo a calificar de forzada e hipócrita la moraleja porque, si bien, textualmente, habla de igualdad y respeto, la obra, durante su desarrollo, apoya su sentido del humor en la ridiculización del “jotito” (la galleta Arcoiris), de la “indita naca” (la galleta María, por supuesto). No es posible argumentar que son los personajes quienes son prejuiciosos (y que al final se corregirán por arte de magia), porque la situación en que ese humor se presenta invita al público a reírse del “jotito” y de la “indita naca”.

Por un momento creí que la obra debía llamarse El reino de las gay-etas. Desde el inicio, se plantea la atracción erótica entre la galleta Príncipe de Chocolate y la galleta Arcoiris. Esta subtrama homoerótica, sin embargo, no alcanza un gran desarrollo y tras dos escenas de escarceo amoroso entre galletas se cancela; primero, por el hechizo de la galleta rencorosa (¿de qué otra forma un Príncipe de Chocolate podría cambiar a su verdadero amor por un Bocado de Dama?) y después, no sé por qué razón. ¿Será acaso por el miedo del Príncipe a revelar ante toda la corte quién es el verdadero objeto de su afecto? ¿Será porque el Príncipe quiere llevar una vida de picaflor con otros galletos como él, (cosa que calla ante los otros por “decente”)? ¿Será porque su autor no cree en el amor entre galletos o le parece que el tema no es apropiado para niños? Cualquiera que sea la razón, el hecho resulta decepcionante, porque en el arte (y en el entretenimiento también) todos los elementos de una obra deben llevarse hasta las últimas consecuencias. Un magnífico maestro de la narrativa afirma que si al inicio de un cuento se menciona que hay una pistola en la mesa, esa pistola debe ser disparada al final. En la narrativa y en el teatro nada puede sobrar. Todo produce consecuencias, tiene causas y avanza hacia alguna dirección. Esta subtrama de amor entre galletos me pareció una promesa audaz. Yo estaba dispuesto a aplaudir de pie si la galleta Arcoiris hubiera terminado fundiendo sus malvaviscos sobre el Príncipe de Chocolate. Pero la promesa no se cumplió. El miedo a jugar de veras con el tema sería comprensible hace cuarenta años, pero no hoy. Después de que en México se han montado obras como Y la corte dirá: ‘El príncipe tiene SIDA’ o la más reciente Príncipe y príncipe ya no queda ninguna excusa para rehuir estos temas en el teatro para niños. 

 Tanto en la moraleja hipócrita como en la subtrama homoerótica silenciada, esta obra revela la incapacidad del autor por defender lo que ama. Se puede amar el prejuicio, defenderlo cínicamente hasta el final y dejar al público en shock. Pero el autor se disculpa forzando una moraleja que ni él mismo cree. Se puede amar a un hombre y defender ese amor contra todo y ante todos y dejar al público en shock. Pero el autor disimula la evidente homosexualidad del Príncipe de Chocolate haciéndolo confesar en público que no desea casarse porque le interesa “disfrutar otras cosas de la vida”. Mentiras de galleta. Mentiras de autor.

Los padres de los niños se divirtieron medianamente con el humor de la obra, más propio de una película de ficheras que de una obra para niños. El aburrimiento del público infantil (niños que lloraban, se quejaban o indicaban en voz alta las inconsistencias del espectáculo) habla mucho de la ineficacia de la obra. Como el lector podrá suponer por la extensión de este texto, El reino de las galletas ha sido la obra que más me ha impactado hasta este momento. Y no por su calidad. No voy a hablar del vestuario pésimo, del nivel actoral miserable de la compañía, ni del teatro de sombras mal hecho. Creo que lo más grave es la falta de imaginación de todo el espectáculo. La idea de un universo de galletas en el que ocurren cosas tremendas es en sí mismo atractivo, pero al autor le faltó imaginación. 

 ¿Qué se puede hacer cuando se tienen tantas ganas de subirse a un escenario, como indudablemente la tienen todos sus participantes? Ejercitar la imaginación y nutrirla. ¿Y de qué se alimenta la imaginación? De la música, de las imágenes, del amor, de las experiencias de vida propias y ajenas (de esto último están llenos el cine y los libros). La imaginación sólo puede crecer cuando nos atrevemos a desafiar lo que creemos que sabemos, lo que creemos que son los demás y lo que creemos que somos nosotros mismos. 

 

Sumergido en mis zapatos

Por Luis Alcocer Guerrero

Jaime Lema presentó Sumergido en mis zapatos, un espectáculo unipersonal en el que repasa sus 25 años de trayectoria haciendo desfilar a algunos de los personajes que ha ido creando en diferentes trabajos. A cada personaje correspondía un par de zapatos de diferente diseño y color. 

Sin embargo, los personajes no resultaron muy interesantes, tal vez porque no supimos mucho de ellos. Jaime Lema tampoco nos permitió saber mucho de su metodología y, aunque se refirió a sí mismo como un gran actor especializado en el teatro del cuerpo con una notable trayectoria, en realidad, nunca pudimos saber en qué radica su grandeza. No pude advertir ni la inventiva, ni la precisión y destreza corporal y vocal que sí he podido ver en otros actores mucho más modestos. 

Sumergido en mis zapatos parece una especie de clase magistral que sería interesantísima si fuera impartida Marcel Marceau o Charlie Chaplin. La exhibición de Jaime Lema resulta en tediosa autocelebración y autocomplacencia. Su carisma, que sí es mucha, no basta para justificar esto. 

 

Sólo Baila! Cabaret 

Por Luis Alcocer Guerrero

 

La obra Sólo Baila! Cabaret, dirigida por Sandra Gamboa y con dramaturgia de Francisco Olivié ha sido una muy grata sorpresa. La estructura es un juego de “teatro dentro del teatro”. Durante la obra nos convertimos en testigos de los ensayos de una compañía de baile, de los esfuerzos del empresario de un cabaret por preparar a un espectáculo que sorprenda a un diputado que podría llegar a ser su socio, de las triquiñuelas de la esposa del empresario por convertirse en la estrella del espectáculo, de las maquinaciones de una mujer oportunista para seducir al empresario y ser la estrella del cabaret, de la transformación de un empleado tímido en un hombre seguro de sí mismo. La tesis es clara y todas las pequeñas historias se organizan de acuerdo a ella: bailar nos hace libres y cualquiera puede hacerlo.

El baile ocupa un lugar primordial en este espectáculo y las coreografías además de que resultan vistosas, divertidas, sorprendentes e incluso conmovedoras están diseñadas de acuerdo a la habilidad de cada intérprete. Todos bailan, todos. Bailan lo mismo bailarines (con un nivel de entrenamiento bastante alto), que actores (cuyas capacidades para la danza van de lo aceptable a lo casi nulo). El punto es que, ya sea ejecutando pasos de danza que exigen un gran dominio del cuerpo o los movimientos más simples, el baile se convierte en un verdadero placer para los ejecutantes y, por lo tanto, también para el espectador. Mención muy especial merece la pareja de bailarines en silla de ruedas que interviene en varias secuencias de danza. Sus apariciones constituían momentos muy impactantes y su interacción con los demás bailarines ocurría de formas inesperadas. 

Uno de los grandes aciertos de la dramaturgia es el juego con el alto contraste y la alternancia de tonos muy diferentes en una misma secuencia de escenas. Era frecuente ver cómo a una escena de un humor muy cruel seguía una escena de un humor más dulce que se ligaba a una escena de baile de un tono poético. En ocasiones, podía verse una misma situación presentada en tres tonos diferentes. Las escenas de baile eran elementos que hacían avanzar la historia y, a veces, dentro de la secuencia de baile podía integrarse una versión grotesca de la misma.

Las estupendas coreografías y la estructura dramática sólida eran acompañadas por cambios de vestuario constantes y sorprendentes. Aunque tiraron la casa por la ventana en términos de producción, hay que decir que esto no era excesivo. Con ello se sigue la lógica del espectáculo de cabaret. No de ese cabaret contemporáneo que parece misa de curas gruñones, sino de un cabaret de otra época que valora más que nada el asombro, la fascinación y el placer de descubrir el propio cuerpo y su movimiento en el espacio.

 Sólo Baila! Cabaret es un trabajo que merece ser visto por muchísima más gente. Sinceramente, deseo que encuentren muy pronto lo necesario para realizar una muy larga temporada. Se lo merecen. Dudo que en lo que queda de este encuentro pueda encontrar un trabajo más sólido que éste.

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