“ZOOT SUIT” DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA DE LUIS VALDEZ

“ZOOT SUIT” DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA DE LUIS VALDEZ

Reseña de: Serner Mexica

 

 

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La conciencia de Henry Reyna, la voz interior, el diálogo consigo mismo; el yo, el otro yo o el siempre yo. Eso es El Pachuco. La voz profunda que sólo se escucha en los momentos de crisis, o en el preámbulo, o en lo consecuente, o en todos lados.

 

La voz del mexicano. La voz del mexicano adaptado. Adoptado. Alejado y, a su vez, más cercano. “La voz del Geist mexicano”, diría Hegel.

 

Una obra extraordinaria.

 

Y la conciencia rompe la cuarta pared. El teatro a la italiana fue alterado y transportado por El Pachuco hacia dimensiones ontológicas. El ser o no ser, en toda su expresión filosófica. La identidad y el autoconocimiento, y la lucha por comprenderlo.

 

 

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Henry y sus amigos son acusados de homicidio, fiscalización fundamentada en el color de piel, la intolerancia racial desatada a través de una justicia supuestamente ciega. No, la justicia no es ciega, al menos no en los Estados Unidos de los años cuarenta.

 

 

 

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El hermoso juego de sombras durante el relato de la banda contraria despedazando el auto. Bellos los juegos colectivos en el relato de la pelea y luego el clímax del juicio, segmento musical en donde todos se ponen de pie, incluyendo las lámparas.

 

Bellos recuerdos durante el juicio, como el de la familia y la pintoresca personalidad revolucionaria, villista para ser preciso, del padre. Muy serio, muy serio pero al final desmadroso como todos.

 

Y, por supuesto, el veredicto disfraza la intolerancia racial que el abogado subraya.

        

¡Se nos van a San Quentin!

        

El Pachuco, majestuosamente, nos da un aire rompiendo, estéticamente (como siempre), la cuarta pared.

 

Intermedio.

 

Y regresa entre nosotros, atravesando la primera línea de butacas y espantando a todos aquellos que se resisten a la convivencia escénica. No obstante, se chingan. Aquí está la voz interior de Henry atravesando las butacas y mostrándonos, en su regreso al escenario formal, la vida en prisión. 

¡Cadena perpetua!

 

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Los diablitos como camas y los periódicos como sustancia, y la divertida representación del juego y su ritmo en el frontón de mano. Pero viene lo mejor: el aislamiento de Henry en la celda de castigo y otro rompimiento de su conciencia. “Es puro vacilón”, como sensible consolación en este proceso de comprensión.

 

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El objetivo estético.

Entonces El Pachuco es despojado de aquello que lo caracteriza como Pachuco.

 ¿Y qué es?

Mexica.

 Mexica.

¡Aplausos de pie a Luis Valdez!

Publicado el 18 de mayo, 2015 | Por | Sin Comentarios | En la categoría Difusion Publicaciones Recientes Teatro Teatro contemporáneo | Con las siguientes etiquetas Etiquetas:

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